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Nota de la Semana

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Un hombre excepcional PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Rodolfo Aguilar   
unaspalabrasDebo confesar que cuando lo conocí me cayó mal, o quizá no del todo bien, me produjo una inmediata desconfianza porque era “chilango”, y yo, muy sabelotodo a mis 16 tercos años de edad, no aceptaba el hecho de discutir las cosas que de buenas a primeras chocaran con mis “muy firmes convicciones”. Todavía menos bien me cayó cuando me enteré que el tipo defeño, siendo agente de ventas de un laboratorio farmacéutico, andaba descarada y abiertamente tras los huesos de mi querida hermana Laura.

Obviamente, mi rechazo no produjo efecto alguno en la situación que se estaba gestando en torno a mi familia, en mi propio terreno y ante mis propios ojos, pues era razonablemente ilógico que un mozalbete de 16 años influyera de manera importante en las decisiones de los mayores, ya que Laura le andaba ya rascando a los 22 añitos.


Total que entre aceptaciones y rechazos de mi hermana, y después de varias serenatas románticas que hacían vibrar las persianas de su habitación con bellísimas canciones, por fin Sergio salió avante en sus intenciones de ponerse de novio con ella y logró obtener el tan ansiado “sí”, contra toda la voluntad del mozalbete que era yo.

Los meses inmediatos que siguieron no cambiaron para nada mi impresión de Sergio, porque se iba de Culiacán y regresaba después de prolongadas ausencias, claro está, motivadas principalmente por su trabajo de agente viajero. Recuerdo que yo en aquellos tiempos, a fin de sacarle el tapón a mi hermana, le decía que su noviecito era un agente “viejero”, lo que hacía que a ella, que era normalmente tranquila aunque muy sentimental y llorona, se le pusieran los pelos de punta por mi culpa. Esas ausencias prolongadas parecían darme la razón en cuanto a la desconfianza que Sergio me provocaba, y con ese argumento le tupía a Laura reclamándole su aceptación.

Con el pasar del tiempo Sergio conseguiría su base en Culiacán, desde donde hacía sus viajes periódicos a las demás ciudades del estado de Sinaloa, pero ya sólo de ir y venir el mismo día, lo que permitió que “la visita”, como se le denominaba en aquel tiempo al hecho de que el novio fuera a la casa de la novia algunos o todos los días de la semana, se hiciera más frecuente. Esto hizo que yo entablara conversaciones esporádicas con él y que cada vez me cayera, si no muy bien, sí menos mal. Posteriormente, el hecho de ver a Laura tan contenta e ilusionada, y el conocer la educación, el carácter amable y divertido, la caballerosidad, la decencia, la honestidad y la siempre disposición de Sergio para ayudar en todo lo que tuviera que ver con mi familia,  hicieron que en muy poco tiempo la impresión que yo tenía de él, cambiara radicalmente.

Después de un período no muy prolongado de noviazgo, los tórtolos decidieron casarse, iniciando así lo que ahora es una hermosa familia junto con sus tres hijos, Sergio, Luis Carlos y Laura. Mi cuñado se convertiría pues en un esposo y un padre ejemplar, y ni que decir de la relación tan especial que en todo momento tuvo con mis padres, y ha tenido siempre con mis hermanos y conmigo. Siempre atento a las necesidades de todos, siempre dispuesto al auxilio cuando se le ha necesitado, siempre amable y caballeroso, sin escatimar tiempos, esfuerzos, cansancios u horarios; siempre presente.

Un día, de esos que uno no quisiera que se presentaran en la vida, le diagnosticaron una rara enfermedad hereditaria, la misma que motivó el fallecimiento de algunos miembros de su familia, y que le ha resultado en una insuficiencia renal crónica, que durante los últimos años lo ha obligado a pesadas sesiones de diálisis, a dietas especiales y a la dependencia de medicamentos indispensables para el control - aunque no la curación - de su mal.

Pues con todo y la enfermedad desarrollándose a toda velocidad, con todo y tener que estar acudiendo a diálisis tres veces por semana, con todo y dietas especiales y medicamentos, Sergio no cambió ni su estado de ánimo, ni su optimismo, ni su disposición para servir y para hacer felices a quienes le han rodeado, sino por el contrario, acentuó aún más esas cualidades que lo han distinguido y que lo han hecho ser una gran persona. Ciertamente, con la enfermedad perdería algunos kilos de peso corporal, pero es indudable que al mismo tiempo ganó toneladas de fuerza en su corazón.

Pronto la vida le pondría una prueba más. Le detectaron cáncer de próstata, de esos en que el antígeno prostático se lanza hasta las nubes, lo que generalmente hace pensar en pronósticos terribles. Sin embargo, eso tampoco lo amilanó ni mucho menos sirvió para derrotarlo. Por el contrario, sigue tan positivo y activo como siempre y no ha habido una reunión o fiesta familiar en la que él no esté presente, al pendiente de todo lo que se pueda ofrecer, riendo, contando chistes, haciéndoles cariños a los niños, atendiendo a Laura igual que como lo ha hecho siempre, compartiendo con todos nosotros, con su envidiable energía y viviendo con alegría y plenitud la vida que Dios le ha dado. Es más, el antígeno prostático ha disminuido sensiblemente a últimas fechas, lo que lo tiene todavía más optimista y hasta ha ganado parte del peso corporal que había perdido.

Abuelo de dos hermosísimas muñecas, más lleno de vida que nunca, Sergio sigue en la lucha diaria con estoicismo, siempre erguido, al pendiente de su esposa Laura, de sus hijos, sus nietas y de todos nosotros. Es sorprendente ver como mientras muchos de nosotros a veces nos caemos ante el primer empujón que nos da la vida, y batallamos para salir hasta de los baches más pequeños e insignificantes, él se hace más fuerte ante los barrancos y las adversidades. Para todos los que lo queremos es, sin duda alguna, un hombre excepcional y nos brinda a diario un ejemplo que será para muchos de los que estamos cerca de él, muy difícil de seguir. Gracias por todo querido cuñado Sergio; eres una persona digna de admiración.
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